De la inteligencia artificial a la pobreza energética, universidades e investigadores de América Latina y el Caribe se encontraron en Santo Domingo para abordar una pregunta decisiva: ¿cómo convertir el conocimiento científico en bienestar para las personas?
En una comunidad rural de América Latina y el Caribe, el acceso a la energía puede determinar si un estudiante logra continuar sus estudios al caer la noche. A miles de kilómetros, en un centro de investigación, un algoritmo de inteligencia artificial puede ayudar a anticipar la demanda eléctrica y mejorar la operación de una red. Son realidades distintas, pero comparten una misma pregunta: ¿de qué sirve el avance tecnológico si sus beneficios no llegan a quienes más los necesitan?
Esa interrogante estuvo en el centro de “Conectando Mentes, Energizando el Futuro”, el encuentro académico impulsado por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), junto con la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), celebrado el 2 de octubre en Santo Domingo, como parte de la agenda de la XI Semana de la Energía. En su segunda edición, y por primera vez desde el Caribe, la iniciativa reunió a universidades, investigadores, estudiantes y especialistas para acercar el conocimiento científico a los desafíos reales del sector energético.
América Latina y el Caribe posee recursos estratégicos para participar en la transformación energética mundial. Sin embargo, disponer de ellos no garantiza por sí solo desarrollo, competitividad ni bienestar. El desafío es convertir ese potencial en oportunidades para los territorios. Durante la jornada, los debates recorrieron desde la pobreza energética y las soluciones comunitarias hasta la resiliencia climática, la inteligencia artificial, la eficiencia energética y la formación de nuevas generaciones de profesionales. El secretario ejecutivo de OLACDE, Andrés Rebolledo Smitmans, defendió la necesidad de integrar a la academia y al sector empresarial en una conversación que tradicionalmente ha estado concentrada en los gobiernos.
La mirada también cruzó el Pacífico. En la conferencia de cierre, el académico surcoreano Kim Younkyoo recordó que la seguridad energética ya no depende únicamente de producir o comercializar combustibles. Las cadenas de suministro, los minerales críticos, las redes eléctricas y las tecnologías digitales están conectando cada vez más a regiones geográficamente distantes. Su reflexión dejó una idea central: la transición energética no consiste solamente en avanzar más rápido, sino en tomar decisiones que permitan garantizar el suministro de hoy sin comprometer las oportunidades del mañana.
Pero quizás el mensaje más importante llegó al cierre de la jornada. Gloria Alvarenga, directora de Integración, Acceso y Seguridad Energética de OLACDE, recordó que el verdadero impacto del encuentro no se medirá únicamente por la calidad de las exposiciones, sino por las investigaciones que logren conectarse, los proyectos que puedan surgir, las decisiones respaldadas por mejores evidencias y las oportunidades que encuentren los estudiantes. En ese contexto, destacó el trabajo previsto junto con aliados estratégicos para desarrollar un observatorio de pobreza energética, así como la importancia de fortalecer la colaboración entre universidades de la región.
Porque una transición energética justa no comienza ni termina en una central eléctrica, una red de transmisión o una innovación digital. Se construye también en las aulas, los laboratorios y las comunidades, allí donde el conocimiento puede convertirse en una respuesta a necesidades concretas. Tras su primera edición en Chile y su continuidad en República Dominicana, “Conectando Mentes, Energizando el Futuro” reafirma una convicción: el futuro energético de América Latina y el Caribe no depende únicamente de los recursos que posee, sino de su capacidad para conectar el conocimiento con las personas.