La región alcanzó 3,4 GW de almacenamiento en baterías en operación a agosto de 2026, más del doble de la capacidad registrada en 2025, se estima podría llegar a 24 GW en el 2030. Durante la XI Semana de la Energía, OLACDE puso el foco en las inversiones, la estabilidad de las redes y las reglas necesarias para convertir el almacenamiento en un motor de competitividad y seguridad energética.
América Latina y el Caribe enfrenta una nueva ecuación energética: producir más electricidad renovable ya no es suficiente. Con aproximadamente 3,4 gigavatios (GW) de almacenamiento en baterías en operación a agosto de 2026, más del doble de la capacidad registrada en 2025, la región avanza en una transformación tecnológica que será determinante para su seguridad energética. Sin embargo, el desafío es considerable: según las proyecciones del Libro Blanco sobre Almacenamiento de Energía de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), América Latina y el Caribe requeriría alrededor de 24 GW de capacidad de almacenamiento hacia 2030.
La importancia económica de esta infraestructura comienza a reflejarse en resultados concretos. En Chile, uno de los mercados más avanzados de la región en almacenamiento mediante baterías, la capacidad instalada permitió evitar vertimientos de energía renovable del orden de 2.000 gigavatios hora (GWh) durante 2025. El dato ilustra cómo el almacenamiento puede transformar electricidad que de otro modo no sería aprovechada en energía disponible para el sistema, mejorar el rendimiento de las inversiones en generación y reducir las restricciones operativas asociadas a la expansión solar y eólica.
Este cambio ocupó un lugar central en la XI Semana de la Energía, organizada por OLACDE y el Ministerio de Energía y Minas de la República Dominicana, celebrada del 6 al 9 de octubre en Santo Domingo. Los debates técnicos sobre sistemas de almacenamiento mediante baterías (BESS), tecnologías de formación de red (Grid Forming) y regulación del mercado eléctrico pusieron sobre la mesa una cuestión decisiva: cómo transformar el crecimiento de las energías renovables en electricidad confiable, competitiva y disponible cuando los consumidores la demandan.
La discusión tiene profundas implicaciones económicas. A medida que aumenta la capacidad solar y eólica, los sistemas eléctricos deben gestionar una producción que no siempre coincide con los horarios de mayor consumo. Sin infraestructura suficiente para almacenar energía, parte de esa generación puede desaprovecharse, mientras los operadores necesitan recurrir a otras tecnologías para responder a la demanda. El almacenamiento permite trasladar electricidad entre distintos momentos del día, mejorar el aprovechamiento de los activos de generación y reducir determinadas necesidades de respaldo, dependiendo de las características de cada sistema.
Medardo Cadena, asesor técnico de OLACDE, destacó que los avances tecnológicos y la reducción de costos están transformando las perspectivas de desarrollo del almacenamiento de energía. Durante una entrevista realizada en el marco de la XI Semana de la Energía, señaló que esta evolución ha mejorado significativamente la competitividad de estas tecnologías, ampliando sus posibilidades de aplicación tanto para facilitar una mayor incorporación de energías renovables como para aportar flexibilidad, estabilidad y confiabilidad a los sistemas eléctricos.
El especialista destacó que el almacenamiento no solo permite utilizar posteriormente la electricidad que no se consume en el momento de su generación, sino que contribuye a aprovechar de manera más eficiente la capacidad instalada. En términos económicos, la energía que deja de desperdiciarse representa un mejor uso de los recursos y de las inversiones realizadas.
De las baterías a la estabilidad de las redes eléctricas
La transformación tecnológica va mucho más allá de alamcenar energía eléctrica para utilizarla horas en que la demanda la requiere. Durante el foro “Más allá del almacenamiento: BESS, Grid Forming y el futuro de la estabilidad de los sistemas eléctricos”, celebrado el 8 de octubre, se abordó la evolución de los sistemas de baterías hacia funciones críticas para la operación de las redes.
Las tecnologías Grid Forming permiten que determinados sistemas basados en electrónica de potencia contribuyan al control de frecuencia, la regulación del voltaje y la provisión de inercia sintética, funciones tradicionalmente asociadas a las centrales eléctricas convencionales. Su desarrollo abre nuevas posibilidades para operar redes con una participación creciente de generación solar y eólica sin comprometer los estándares de seguridad y confiabilidad.
El cambio también plantea una transformación del mercado. Las baterías pueden ofrecer servicios que van más allá de la compraventa de electricidad, pero su viabilidad financiera depende de que los marcos regulatorios reconozcan adecuadamente esas prestaciones. Para atraer capital, los mercados necesitan definir cómo se remuneran los servicios de estabilidad, flexibilidad y respaldo, así como establecer condiciones previsibles para la inversión.
República Dominicana, un caso de estudio para los mercados del Caribe
La experiencia dominicana ocupó otro espacio relevante de la agenda. El 9 de octubre, la sesión “Sistemas BESS para Aplicaciones Críticas del Mercado Eléctrico Dominicano” examinó el papel del almacenamiento en la regulación primaria y secundaria de frecuencia del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI).
La condición insular de República Dominicana hace especialmente importante la estabilidad de su sistema eléctrico. A diferencia de mercados con amplias interconexiones internacionales, las redes aisladas disponen de menos alternativas para compensar desequilibrios repentinos entre generación y demanda. La incorporación de fuentes solares y eólicas, aunque competitivas y relativamente rápidas de instalar, exige nuevas herramientas para mantener la frecuencia y asegurar la continuidad del suministro.
En este contexto, los sistemas BESS ofrecen una respuesta tecnológica capaz de actuar con rapidez ante variaciones operativas. Su combinación con funciones Grid Forming y reglas claras para la prestación de servicios complementarios constituye una oportunidad para fortalecer la confiabilidad del sistema dominicano y generar experiencias aplicables a otros mercados eléctricos de América Latina y el Caribe.
El potencial hidroeléctrico amplía las alternativas de almacenamiento
La estrategia regional, sin embargo, no depende exclusivamente de las baterías. América Latina y el Caribe cuenta con una importante base de generación hidroeléctrica y recursos hídricos que ofrecen oportunidades para desarrollar otras soluciones de almacenamiento.
Cadena destacó también el potencial del almacenamiento hidroeléctrico por bombeo como una alternativa complementaria a los sistemas de baterías, particularmente por su capacidad para almacenar grandes cantidades de energía durante períodos prolongados. Señaló que esta tecnología puede contribuir significativamente a la flexibilidad y seguridad de los sistemas eléctricos, aunque su aprovechamiento depende de las condiciones geográficas, técnicas, ambientales y económicas de cada proyecto.
La combinación de baterías, infraestructura hidroeléctrica y tecnologías de bombeo abre posibilidades para diversificar las soluciones de flexibilidad. Mientras los sistemas BESS pueden responder en fracciones de segundo a determinadas necesidades de operación, el almacenamiento hidráulico puede contribuir a desplazar grandes volúmenes de energía durante períodos prolongados. Ambas alternativas pueden complementarse dentro de una planificación energética integrada.
La inversión privada necesita reglas claras
El principal desafío para expandir estas tecnologías no es exclusivamente técnico. También depende de la capacidad de los países para desarrollar mercados eléctricos que reconozcan el valor económico de los servicios que proporciona el almacenamiento.
Durante la entrevista realizada en el marco de la XI Semana de la Energía, Cadena destacó la importancia de la participación del sector privado para movilizar las inversiones necesarias en almacenamiento de energía. Señaló que, para ello, resulta fundamental contar con una planificación energética adecuada, marcos regulatorios claros y estables, y mecanismos de remuneración que reconozcan los distintos servicios que estas tecnologías pueden aportar a los sistemas eléctricos. Estas condiciones, junto con la seguridad jurídica, son esenciales para atraer inversiones y facilitar el desarrollo de proyectos técnica y económicamente viables.
Esta relación entre regulación e inversión fue uno de los ejes del foro sobre BESS y Grid Forming, que planteó la necesidad de adaptar los mecanismos de mercado y los procesos de planificación a sistemas eléctricos cada vez más dependientes de la electrónica de potencia y las energías renovables variables.
Para América Latina y el Caribe, la discusión trasciende la adopción de una tecnología. Se trata de definir cómo financiar redes más flexibles, evitar inversiones ineficientes, mejorar el aprovechamiento de la generación disponible y garantizar que la transición energética se traduzca en beneficios económicos y operativos.
La XI Semana de la Energía dejó planteada una prioridad para la agenda regional: el futuro de los sistemas eléctricos no dependerá únicamente de la capacidad de generación de los países, sino también de su capacidad para gestionar, almacenar y suministrar energía de manera segura, confiable y competitiva. En un contexto de creciente electrificación de la economía, el almacenamiento adquiere un papel fundamental, no solo para facilitar una mayor incorporación de energías renovables, sino también para aportar la flexibilidad y los servicios necesarios para garantizar la estabilidad y confiabilidad de los sistemas eléctricos.