Durante la XI Semana de la Energía, celebrada en República Dominicana, gobiernos, especialistas y organismos multilaterales analizaron cómo transformar las reservas de minerales estratégicos de América Latina y el Caribe en inversión, infraestructura y desarrollo industrial.
El Libro Blanco de Desarrollo Minero y la Planificación Energética de OLACDE advierte que la demanda eléctrica minera podría crecer más del 50% hacia 2034.
América Latina y el Caribe podría generar US$35.000 millones adicionales en valor económico a partir de sus minerales críticos hacia 2035, si amplía su capacidad de refinación y procesamiento. Sin embargo, la falta de infraestructura eléctrica, las dificultades de financiamiento y la limitada industrialización de sus recursos amenazan con restringir ese potencial, según los análisis presentados durante la XI Semana de la Energía de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), celebrada del 6 al 9 de octubre en República Dominicana.
La región concentra cerca del 60% de las reservas mundiales de litio y más del 30% de las de cobre, dos minerales esenciales para la electrificación, el almacenamiento energético y las tecnologías de bajas emisiones. Pese a esta posición estratégica, una parte importante de su producción continúa destinada a mercados externos para su transformación industrial, lo que limita la captura de valor dentro de las economías latinoamericanas y caribeñas.
La relación entre minería, energía y cadenas de valor ocupó un espacio específico en la agenda de la XI Semana de la Energía, organizada por OLACDE junto con el Ministerio de Energía y Minas de República Dominicana. El encuentro reunió a autoridades, representantes de la industria y organismos multilaterales para examinar las condiciones necesarias para acelerar proyectos mineros, ampliar la infraestructura y fortalecer las cadenas regionales de valor.
Uno de los principales resultados fue la presentación del Libro Blanco sobre el Desarrollo Minero y la Planificación Energética en América Latina y el Caribe, elaborado por OLACDE con la participación de más de 20 organizaciones y 40 especialistas. El estudio identifica una cartera de más de 330 proyectos mineros con inversiones previstas que superan los US$300.000 millones, de las cuales más del 80% se concentra en Chile, Argentina y Perú.
El documento estima que el valor económico de los minerales críticos producidos en la región podría aumentar de aproximadamente US$185.000 millones a US$220.000 millones hacia 2035, siempre que se desarrollen nuevas capacidades de procesamiento y refinación. La proyección refleja el potencial de una mayor participación regional en actividades industriales que actualmente se concentran fuera de América Latina y el Caribe.
La expansión minera pone presión sobre las redes eléctricas
La creciente demanda de minerales estratégicos también representa un desafío para los sistemas energéticos. Según las proyecciones de OLACDE, la minería consume actualmente cerca del 9% de la electricidad regional y podría elevar su demanda de 122 teravatios hora (TWh) a más de 184 TWh hacia 2034.
Argentina podría cuadruplicar su consumo energético asociado a la actividad minera durante ese período, mientras que Perú podría duplicarlo. Estas perspectivas plantean la necesidad de anticipar inversiones en generación, transmisión, almacenamiento y otras infraestructuras indispensables para la operación de nuevos proyectos.
La coordinación entre ambos sectores resulta especialmente relevante debido a los prolongados plazos de desarrollo. Un megaproyecto minero puede requerir de hasta 15 años desde su descubrimiento hasta el inicio de la producción, mientras que una línea de alta tensión puede tardar entre siete y diez años en completar su construcción y los procedimientos de autorización.
Estas limitaciones fueron examinadas durante el I Foro Minero-Energético de América Latina y el Caribe, realizado el 6 de octubre como parte de la XI Semana de la Energía. El encuentro abordó la necesidad de vincular la planificación eléctrica con la expansión minera y de establecer condiciones que permitan transformar los recursos geológicos en inversiones económicamente viables.
Entre las principales conclusiones destacó que la disponibilidad de minerales no es suficiente para garantizar nuevos proyectos. La ausencia de redes de transmisión y de energía a precios competitivos puede comprometer las inversiones, mientras que la diversificación productiva y los estándares socioambientales constituyen factores relevantes para la competitividad del sector.
La generación renovable, una ventaja para competir en nuevos mercados
América Latina y el Caribe cuenta con una de las matrices eléctricas más renovables del mundo, con cerca del 70% de su generación procedente de estas fuentes. Esta característica representa una oportunidad para desarrollar una minería con menores emisiones y responder a las exigencias ambientales de los mercados internacionales.
No obstante, la disponibilidad de electricidad renovable a escala regional no garantiza un suministro competitivo en las zonas mineras. El acceso al agua, la transmisión eléctrica y la logística especializada continúan siendo restricciones para proyectos de procesamiento intensivos en energía.
Como respuesta, el Libro Blanco presentado en la XI Semana de la Energía propone seis prioridades: integrar la planificación minera y energética, acelerar la infraestructura habilitante, mejorar las condiciones de inversión, ampliar el procesamiento y la refinación local, fortalecer la sostenibilidad y profundizar la cooperación regional.
Los debates desarrollados en Santo Domingo situaron así la minería crítica como un componente de la planificación energética y del desarrollo económico de América Latina y el Caribe. Para OLACDE, la coordinación entre ambos sectores será determinante para convertir la riqueza mineral regional en inversiones, nuevas capacidades industriales y mayor participación en las cadenas globales de valor.
La región dispone de una parte sustancial de los minerales que requiere la transición energética mundial. Su capacidad para obtener mayores beneficios económicos dependerá de que la expansión minera avance acompañada de infraestructura, financiamiento y planificación energética de largo plazo.