La transformación del sector energético abre nuevas oportunidades de empleo, inversión e innovación, pero persisten barreras que limitan la participación femenina. Durante la XI Semana de la Energía, celebrada en República Dominicana, OLACDE reunió a especialistas, organismos internacionales y asociaciones de mujeres para situar la igualdad de oportunidades en el centro de la competitividad energética regional.
América Latina y el Caribe enfrenta una paradoja en su transformación energética: mientras la electrificación, las energías renovables, la digitalización y el almacenamiento abren nuevas oportunidades económicas, la región todavía desaprovecha una parte significativa de su capital humano. Las mujeres representan el 44 % de la participación en ciencias generales, pero su presencia desciende al 28 % entre quienes egresan de ingeniería y al 22 % en áreas vinculadas con la cuarta revolución industrial, según referencias de ONU Mujeres y UNESCO recogidas en ula publicación “Mentes de Corriente Continua: Desafíos de la Electrificación en América Latina y el Caribe” de OLACDE. Esta brecha plantea un desafío que trasciende la igualdad de género: limita la disponibilidad de talento especializado en un sector que necesita nuevas competencias para sostener su crecimiento, productividad y competitividad.
La discusión adquirió protagonismo durante la XI Semana de la Energía, organizada por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) en Santo Domingo, donde el panel “La transición energética necesita más mujeres: ¿cómo acelerar el cambio?” reunió a representantes de asociaciones regionales, especialistas del Banco Mundial y del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). El debate trasladó la atención desde las metas de descarbonización hacia una pregunta económica fundamental: quiénes diseñarán, financiarán, construirán y operarán los sistemas energéticos del futuro. Las participantes coincidieron en que ampliar el acceso femenino a la formación técnica, garantizar condiciones laborales equitativas y fortalecer su presencia en puestos de decisión son factores indispensables para responder a la creciente demanda de profesionales especializados.
En ese escenario, Gloria Alvarenga, directora de Integración, Acceso y Seguridad Energética de OLACDE, situó el talento femenino como un componente estratégico de la transformación regional. “El creciente talento femenino fortalece toda la cadena energética, aportando conocimiento, liderazgo e innovación e impulsando la transformación del sector energético de América Latina y el Caribe”, destacó. Durante su intervención, Alvarenga advirtió que las barreras de acceso a la formación, la permanencia laboral, la remuneración equitativa y la representación en cargos directivos continúan restringiendo oportunidades. Su planteamiento vinculó la igualdad de género con resultados económicos concretos: aprovechar plenamente las capacidades profesionales de las mujeres permite fortalecer la innovación, la resiliencia empresarial y la competitividad del sector.
Uno de los avances institucionales destacados fue el fortalecimiento de la Red Latinoamericana y Caribeña de Mujeres en Energía (RedLACME), impulsada con la participación de asociaciones de Chile, Argentina, Uruguay y República Dominicana, y con el acercamiento de nuevas organizaciones, entre ellas Bolivia. Tras su lanzamiento regional en Chile en 2025, la red llegó a Santo Domingo con avances en su estructura organizativa y una agenda orientada a la cooperación, la formación profesional y el intercambio de experiencias. En el panel, moderado por Paola Pimentel, representantes de estas asociaciones analizaron cómo la asociatividad puede ampliar oportunidades laborales, conectar profesionales con empresas e instituciones y fortalecer la presencia femenina en espacios donde se toman decisiones sobre inversión, regulación y desarrollo tecnológico.
La contribución técnica de las mujeres también ocupó un lugar central con la presentación de la primera edición de “Mentes de Corriente Continua: Desafíos de la Electrificación en América Latina y el Caribe”, una publicación de OLACDE que reúne perspectivas de especialistas de 11 nacionalidades sobre los desafíos del sector eléctrico. Lejos de limitarse a reivindicar la participación femenina, sus artículos examinan asuntos determinantes para el desarrollo económico regional: gobernanza regulatoria, almacenamiento, flexibilidad de los sistemas eléctricos, generación distribuida, resiliencia energética y acceso a la electricidad. Entre las contribuciones presentadas, la especialista salvadoreña Cristina Moratalla abordó la necesidad de integrar almacenamiento, redes inteligentes y electromovilidad, mientras que Miriam Guzmán exploró una dimensión menos visible de la pobreza energética: sus consecuencias sobre la salud psicoemocional, el aislamiento y la vida cotidiana de las comunidades, particularmente de las mujeres.
La dimensión económica de esta agenda se hizo evidente en las intervenciones sobre innovación y formación laboral. Desde Bolivia, Mirna Giménez subrayó la importancia de incorporar inteligencia artificial, redes inteligentes y almacenamiento sostenible, acompañados de capacitación para las nuevas generaciones. El intercambio con especialistas del Banco Mundial y del OIEA permitió situar estas necesidades en una discusión más amplia sobre desarrollo de capacidades y cooperación internacional. El desafío regional consiste en conectar los sistemas educativos con las demandas reales de la industria, impulsar la actualización de competencias y evitar que las mujeres queden relegadas de las ocupaciones emergentes mejor remuneradas. La transición energética no solo modificará la forma de producir y consumir electricidad: también redistribuirá oportunidades profesionales y económicas entre quienes estén preparados para participar en ella.
La XI Semana de la Energía dejó así una conclusión que va más allá de las políticas de igualdad: América Latina y el Caribe no podrá aprovechar plenamente su potencial energético sin aprovechar también el talento de sus mujeres. Para OLACDE, el siguiente paso es transformar las redes de cooperación, las iniciativas educativas y los compromisos institucionales en oportunidades concretas de empleo, formación y liderazgo. Porque el futuro energético de la región no se medirá únicamente en megavatios instalados, inversiones movilizadas o emisiones evitadas, sino también en quiénes tienen la oportunidad de construirlo, dirigirlo y beneficiarse de sus resultados.